El mercado global de smartphones usados está entrando en una fase de crecimiento sin precedentes, consolidándose como una alternativa robusta frente a los dispositivos nuevos. Según las proyecciones de la consultora IDC, se espera que para el año 2026 se vendan 413,3 millones de unidades de terminales usados y reacondicionados en todo el mundo. Esto representa una tasa de crecimiento anual compuesta del 10,3%, confirmando que el apetito de los consumidores por tecnología de alta gama a precios accesibles no deja de aumentar.
¿Qué está impulsando este crecimiento masivo?
El motor principal de este fenómeno son los programas de renovación o "planes renove", que han transformado la forma en que los usuarios adquieren tecnología. En mercados maduros como Estados Unidos, Canadá y Europa occidental, estos programas facilitan que los clientes entreguen sus equipos antiguos como parte del pago de uno nuevo, lo que acelera los ciclos de renovación y alimenta constantemente el mercado de segunda mano con dispositivos premium. Además, los teléfonos usados han demostrado ser mucho más resilientes ante los inhibidores económicos que las ventas de equipos nuevos, gracias a que el ahorro de costes sigue siendo la mayor ventaja competitiva.
El iPhone: El rey del valor de reventa
En este escenario de economía circular, los dispositivos de Apple ocupan una posición de liderazgo absoluto. Un factor determinante es su capacidad para retener el valor: un iPhone mantiene hasta el 75% de su precio original tras el primer año, y tras cuatro años de uso aún conserva el 52,5% de su valor, frente al escaso 21,1% que logran retener los modelos Android de gama alta. Esta durabilidad está respaldada por un soporte de software excepcional, con actualizaciones de iOS que se extienden entre 6 y 8 años, permitiendo que un teléfono de segunda mano siga siendo funcional y seguro para un nuevo dueño.
Un respiro necesario para el medio ambiente
Más allá del beneficio económico, el crecimiento de este mercado es una victoria para la sostenibilidad. Se estima que elegir un smartphone usado puede reducir la huella de carbono en un 71,2% en comparación con la compra de uno nuevo. Al reutilizar dispositivos existentes, se logra:
- Reducir el consumo de materias primas en un 91,3%, evitando la extracción de minerales escasos como el litio y el cobalto.
- Ahorrar hasta un 86,4% de agua, ya que la producción de un solo teléfono nuevo puede contaminar hasta 600,000 litros de este recurso.
- Mitigar la generación de residuos electrónicos, de los cuales solo se recicla actualmente entre el 15% y el 20% a nivel global.
Conclusión: La proyección de superar los 400 millones de unidades en 2026 demuestra que los usuarios están optando por un modelo de consumo más consciente y circular, donde la calidad y la tecnología de punta ya no dependen exclusivamente de estrenar una caja, sino de dar una segunda vida útil a dispositivos plenamente capaces.